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Actividad pesquera (RM)


Ruta marinera - Actividad pesquera




La Cuenca Mediterránea ha sido cuna de multitud de civilizaciones, sirviendo como fuente primordial de recursos, base de transacciones comerciales y elemento difusor de culturas. En este marco, no podemos olvidar el papel jugado por la actividad pesquera en las civilizaciones mediterráneas, ya que ayudó al asentamiento de las poblaciones, al facilitar la supervivencia en tiempos de escasez.

El poblado originario de la ciudad (enclavado según los historiadores locales en Cabo Cervera) se debió a esta relación entre hombre y mar, en definitiva, a la pesca. Así, en los últimos lustros del S. XIX Torrevieja se estableció como el distrito pesquero más importante del litoral valenciano, por el valor de las capturas y su volumen. Un dato interesante es que en el año 1892 la pesca subastada en las playas de la ciudad suponía el 30% de las capturas realizadas en las provincias valencianas; Torrevieja amplió sus pesquerías hacia aguas atlánticas del norte de África, tras el agotamiento de los caladeros locales.

En las primeras décadas del S. XX la actividad pesquera comenzó a dar signos de agotamiento, explicados a través de la "fuga" de recursos humanos y materiales. En estos momentos Torrevieja vive un cierto esplendor de su flota naviera, lo que expone los motivos del retroceso de la actividad pesquera. Con ello, la actividad comercial relegó a un segundo plano a la pesca, sin olvidar la carpintería de ribera, que demandaba gran cantidad de recursos humanos. Era lo que algunos cronistas locales han venido a denominar como una auténtica "fiebre marinera", a nivel comercial y naval. Poseer un barco reportaba sensibles beneficios económicos, lo que derivó en numerosas inversiones por parte de empresarios de tierra (en la compra, diseño, etc.) en laúdes, balandras y pailebotes.

En los años veinte del S. XX Torrevieja era un gran foco pesquero, junto con Santa Pola, dominando por aquel entonces las artes pesqueras como la "pesca del ramo de pino", las morunas, el tresmalle, el palangre o las "vacas" de arrastre, la modalidad más importante. En estos mismos años se empezó a incorporar el motor a las embarcaciones, de manera lenta, predominando hasta entonces las embarcaciones con aparejo de vela latina. Sin duda, la incorporación del motor logró aumentar la distancia de las faenas de pesca, explorar derroteros inaccesibles y, más importante si cabe, la regularización del trabajo pesquero.

Los años 30 comenzaban con grandes esperanzas: el dique de levante, una necesidad fundamental para los navegantes, estaba ya en pleno desarrollo. Pero, por otro lado, la Guerra Civil iba a impactar enormemente a las pesquerías: más aun si tenemos en cuenta que el ejército republicano requisó las mejores embarcaciones disponibles para destinarlas a uso militar. Al acabar la contienda nacional, la flota torrevejense se había reducido sensiblemente, pero acostumbrada a continuos altibajos volvió a resurgir: además, de manera espléndida, gracias a la riqueza de los caladeros, inactivos durante el transcurso bélico. La pesca fue una actividad primordial en los años de posguerra, al facilitar la vida en estos duros tiempos (se pagaba en especie y el marinero llegaba a realizar trueques por otros productos).

En la década de los años 40 los activos dedicados a la pesca alcanzaban la cifra de 500, doblaba la cifra de veinte años atrás. La flota local empezó a especializarse en el cerco y las traíñas, con 10 y 12 marineros por embarcación, denotándose así la importancia de la misma. Asistimos a la normalización económica y al encarecimiento del pescado, de lo que podemos deducir una mayor rentabilidad. De ello deriva el aumento de las inversiones en el sector, sobre todo en nuevas artes y embarcaciones por parte de empresarios, que más tarde contrataban los servicios de un patrón. Los barcos a motor se generalizan y el volumen de capturas se dispara a finales de los 40.

El desembarco del turismo
A mediados del S. XX la pesca se configura como la segunda actividad económica de la ciudad, en sensible diferencia con la explotación salinera. Con el aumento de la flota se asiste al progresivo agotamiento de los caladeros locales, los rendimientos caen y los pescadores inician un cambio de rumbo en sus vidas en busca de un trabajo estable y compensado.

Junto con la llegada masiva de turistas, los años 60 se caracterizan por la modernización del sector, tanto en el proceso productivo como en las infraestructuras: se construye el edificio de la lonja, la explanada ganada al mar que hoy ocupa la fábrica de hielo y los muelles pesqueros; obras éstas que formalizan el puerto de Torrevieja tras la construcción del dique de poniente. Este proceso innovador, como casi todos, desembocó en una reducción de personal, al limitarse notablemente la necesidad de trabajadores. En este contexto, el turismo empieza a generar las primeras urbanizaciones, se definen de esta forma los matices urbanísticos de la ciudad: la actividad salinera y pesquera, fuentes económicas originarias, dejan su privilegiado lugar al desarrollo del turismo.




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